jueves, 27 de agosto de 2026

 


Globatium

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Uno de sus asesores culturales, Jorge Nuñez Arzuaga, compañero escritor, realizó un análisis sobre mi novela La caída del Ángel. Gracias Jorge !!!

El ajedrez teológico en un thriller de Carlos Pérez de Villarreal

Por Jorge Nuñez Arzuaga - 16 julio 2026

La narrativa contemporánea argentina encuentra en la pluma de Carlos Pérez de Villarreal una voz que conjuga con precisión el pulso de la investigación periodística y la audacia de la literatura de género. Galardonada con la prestigiosa Faja de Honor de la SADE, su novela La caída del Ángel (Editorial MB) se erige como un artefacto literario fascinante que transita con absoluta naturalidad entre el thriller conspirativo y la fantasía teológica. Lejos de ser una simple novela de persecución, la obra se despliega ante el lector como una sofisticada partida de ajedrez donde el tablero es la realidad misma y las piezas se mueven impulsadas por hilos invisibles.

Las dos realidades

Una de las mayores virtudes de la obra radica en su intrincada estructura metaficcional. El lector se sumerge en la vida de Eduardo Bazán, un experimentado periodista de larga trayectoria que encarna al hombre moderno enfrentado a los restos del mito. A través de un manuscrito que recibe de un desconocido, Bazán se ve arrastrado al abismo: el descubrimiento de los «Imaginarios», un grupo misterioso que custodia la verdad sobre una antigua «guerra en los cielos» y el significado real del mito luciferino.

A partir de esta premisa, Pérez de Villarreal plantea un tablero de dos planos narrativos concurrentes:

La crónica de acción (El plano terrenal): Una vertiginosa carrera donde el protagonista se convierte en el blanco de fuerzas oscuras, moviéndose por la geografía argentina.

La alegoría poética (El plano simbólico): Breves fragmentos intercalados donde dos niños, Melisa y Nicolás, corren incansablemente bajo una luz cegadora y blanca. Esta luz, lejos de ser un refugio inequívoco, funciona como un espacio de ambigüedad entre la salvación y el peligro.

Ambos planos interactúan como las casillas blancas y negras del ajedrez: cada movimiento en la realidad inmediata altera de manera irreversible el destino en el plano místico.

Si analizamos la dinámica de los personajes bajo la óptica de este juego de estrategia, la distribución de roles resulta perfecta. Eduardo Bazán es, indiscutiblemente, el Rey: el antihéroe, la pieza central cuya supervivencia define la partida. No posee un despliegue físico avasallante, pero su mente, sus capacidades periodísticas y la información que acarrea lo convierten en el objetivo principal de sus perseguidores. La Dama asertiva y audaz lo acompaña.

A su lado, las piezas de apoyo ejecutan la táctica. Los aliados que lo secundan operan como los Alfiles, Torres y Caballos del tablero, ofreciendo líneas diagonales de pensamiento, planes de escape y la contención filosófica necesaria para no flaquear ante el escepticismo. En el bando contrario, corporaciones y dogmas inquebrantables se posicionan como las piezas pesadas del rival, buscando cercar al protagonista en un constante zigzag narrativo: una posición donde cada paso es peligroso, pero la inmovilidad significa la derrota total.

Pérez de Villarreal utiliza el ritmo del suspenso para sembrar interrogantes profundos sobre la verdad, el libre albedrío y la naturaleza de las creencias dominantes. Con sutiles ecos y citas de autores como Benavente, Borges o Wilde, la novela plantea una aguda advertencia sobre cómo las verdades reveladas pueden transformarse en instrumentos de dominación. En La caída del Ángel, quien busca la luz de la verdad debe estar dispuesto a experimentar su propia caída. El estilo del autor combina la agilidad del oficio periodístico con una notable elegancia lírica. La tensión se mantiene gracias a una prosa precisa que sabe cuándo acelerar en la acción y cuándo detenerse en la reflexión teológica.

Conclusión

La caída del Ángel es una obra imprescindible para quienes disfrutan del suspenso inteligente. Carlos F. Pérez de Villarreal demuestra una gran maestría para orquestar una trama de conspiraciones sin perder la profundidad filosófica. Al cerrar el libro, el lector se queda con la certeza de haber asistido a una magnífica partida de ajedrez cósmico, donde las redes ya han sido echadas y solo queda esperar el próximo movimiento de la historia.









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