jueves, 27 de agosto de 2026

 

La escritura como proceso recursivo - Consideraciones sobre la novela La caída del Ángel

Vamos a hablar del problema retórico: tema, destinatarios, propósitos, tipo de texto que queremos escribir. Y por otra parte, trataremos de organizar un plan de escritura: ideas, producción de borradores, procedimientos de corrección, revisión final y publicación. Esto implica lo que rodea a la tarea y la situación comunicativa; es el hecho de explicar taxativamente aquello que queremos escribir, incluye el problema retórico y el texto en sí. ¿Qué es el problema retórico? Es todo aquello que condiciona la labor escritural.

Cuando entramos en el terreno del PROCESO DE ESCRITURACIÓN, tenemos que hablar de Linda Flower (1944) y John Richard Hayes. Flower es una retórica nacida en EE.UU., que desarrolló su trabajo en la universidad de Carnegie Mellon (institución privada de investigación, ubicada en Pennsylvania). Aclaremos que la retórica es la disciplina que se dedica tanto a la construcción de discursos eficaces como a la teorización sobre el modo como se consiguen.

Mientras estudiaba lingüística, se conectó con Hayes, un psicólogo cognitivo que también trabajaba en la misma universidad. (Fue profesor emérito y su labor estaba enfocada a investigar el rol del conocimiento en actividades creativas).

Hagamos una aclaración al respecto: la lingüística estudia las estructuras fundamentales del lenguaje humano, sus variaciones a través de todas las familias de lenguas, las cuales también identifica y clasifica.

Estos dos autores, entrevistaron y grabaron a escritores reconocidos, para saber qué desarrollos mentales llevaban a cabo cuando escribían, produciendo así una teoría que es aceptada hoy en día. Décadas del 80´ y 90´, del siglo pasado. 

Lograron plantear un proceso escritural, es decir, los pasos que sigue una persona al momento de escribir. Este modelo cognitivo, destaca entre otras cosas, porque en el acto de la escritura el escritor/a enfrenta conocimientos, se plantea preguntas y posteriormente se procede a la resolución de problemas.

Determinaron la existencia de diversos procesos y subprocesos mentales básicos, que se organizan jerárquicamente con determinadas reglas de funcionamiento. No es algo rígido, depende de la necesidad y orientación que quien ejerce el oficio de la escritura le quiera asignar. Flower, en su momento, presentó una disertación cuyo título fue: “Ayudar a los escritores a construir casas con más habitaciones”. Fíjense en la peculiaridad de la frase.     

De este proceso de escrituración, podemos inferir: 

El contexto de la labor y su planificación

Esto implica lo que rodea a la tarea y la situación comunicativa; es el hecho de explicar taxativamente aquello que queremos escribir, incluye el problema retórico y el texto en sí. ¿Qué es el problema retórico? Es todo aquello que condiciona la labor escritural.

Todo escrito comienza con un disparador, un pensamiento, un sueño, una imagen. Y allí se inicia el primer paso, al que denominamos PLANIFICACIÓN. Porque aquí nos imponemos metas, armamos consignas, en definitiva: comenzamos a preparar un determinado esquema mental: ¿Qué quiero contar? ¿A quién quiero contárselo? ¿Por qué quiero hacerlo? ¿Qué tiempo me impongo?

Es lógico preguntarse si aquí podrían usarse las siete expresiones adverbiales que el periodismo usa en el análisis de un hecho: Qué – Quién – Cuándo – Dónde – Cómo – Por qué – Para qué 

Fíjense que subtitulé la novela como Thriller fantástico, porque entran en juego esos dos aspectos. Allí radica justamente la aventura de escribir.

Un thriller es una obra literaria de suspenso. La palabra, como tal, deriva del verbo inglés to thrill, que significa estremecer o emocionar. Es un género de ficción, conocido como suspense, que se caracteriza por tener una trama emocionante, que mantiene al lector siguiendo con mucha atención el desarrollo de la historia hasta la resolución final del conflicto, que por lo general, resulta ser sorpresiva e impactante, como pasa en la novela.

El género Literatura Fantástica, en este caso, nos ofrece un relato, basado en algunos aspectos, en hechos insólitos que, si los analizamos, escapan de la realidad, sin embargo, dichos sucesos tienen una explicación que puede resultar lógica.      

En mi caso, respecto a la novela La caída del Ángel, comenzó con un sueño, corto y muy preciso que quedó marcado en mi subconsciente. Comencé así a establecer una investigación recuperando información y donde empecé a perfilar lo que quería escribir. Sin darme cuenta, entré en una exploración que me llevó a encarar un tema apasionante.

Investigué la elaboración de la Vulgata, la versión en latín de la Biblia. Fue escrita por San Gerónimo de Estridón, en el año 382. Allí se traduce del texto de Isaías, el término hebreo Helel, que significa resplandeciente).

Hasta aquel entonces, Lucifer (del latín Lux: luz y Fero: llevar. O sea: Portador de la luz), era también conocido como Eósforo-, un dios menor de la mitología grecorromana, un hijo de la diosa Aurora que nada tenía que ver con las tradiciones judeocristianas. Pero, su condición de descendiente de los dioses influyó en la elección que realizó San Gerónimo. Así, Lucifer fue considerado un nombre propio.

Había nacido la leyenda del ángel rebelde, el mito grecorromano reaparecía, la leyenda idólatra de Eósforo se cristianizaba y el origen del mal en el mundo había sido por fin hallado. Se había creado un nuevo nombre y un nuevo personaje, Lucifer, aceptado por el Concilio de Letrán en 1215.

Entonces invertí esa circunstancia. La di vuelta. La ficción me permitió hacerlo.  

Pero fíjense que dentro de esta PLANIFICACIÓN se encuentran dos características más: la ESTRUCTURA de la obra, su constitución, disposición y el orden que quería establecer; y los OBJETIVOS a los que quería llegar, qué propósitos me llevaban a ello, qué intenciones tenía. Qué metas quería lograr con esta escritura. 

Aparece aquí lo que denominamos:

Memoria a largo plazo

Esta memoria incluye todos los conocimientos que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra existencia. Cuando oímos una palabra, esta actúa a modo de “señal”, de indicación y abre el camino en nuestra memoria a largo plazo hacia todo un mundo de palabras o contenidos relacionados con esta. Si les nombro, por ejemplo, la palabra “niñez”, habrá un cúmulo de recuerdos que los transportarán a esa época de su vida.

No obstante, muchas veces la información que necesitamos es insuficiente. Si pensamos en la palabra “raciocinio” (reflexión, cavilación) por ejemplo, ya no es tan sencillo.

Por esa razón más de una vez, debemos recurrir a la lectura de bibliografía para interiorizarnos y tener más material sobre el que basar nuestros argumentos cuando escribimos.

Les pongo como ejemplo un cuento que escribí hace tiempo, llamado La última frontera. Cuenta la historia de Lucius Cayo Dominicus, Prefecto de la VIII Legión, que estaba al mando de una Alae de caballería de 1.000 hombres. Bajo las órdenes del General Germánico, acababan de vencer a las tribus indómitas de la Germania Magna en contra de Arminio, en el año 16. 15.000 germanos muertos contra 1.000 romanos. Vengaron la matanza de las legiones de Varo en Teutoburgo -año 9- y delimitaron la frontera. El personaje había estado en África Proconsularis, Cirenaica, Mauretania, Egipto, Mesopotamia, las Galias, Aquitania, Hispania. Había recorrido todo el Imperio. Un año más y ganaría su salida de la legión con honores, dinero y una casa en el campo. Cumpliría 25 años de servicio prestado. Le darían lo que se denominaba su missio honesta. Y allí, hablo de la larica (recubrimiento pectoral), el gladius (la espada corta) el pilum (la lanza especial). Y tuve que estudiar y leer el tema para interiorizarme de los pormenores, porque existió en la estructura romana una manera de proceder cuando conquistaban pueblos enteros. Todo este conocimiento me llevó un mes.   

Llegamos entonces a la etapa de la ELABORACIÓN. Aquí comienzan a traducirse todas esas ideas al papel. En mi caso, por lo general escribo mis borradores a mano en primer lugar, en casa, en un café, en el auto, cuando debo esperar por algún tema. Este tipo de escritura, al ser más lenta, permite una mayor reflexión de lo que vamos escribiendo.

Luego los paso en una máquina de escribir, la vieja escuela periodística que llevo conmigo hace muchos años me hizo tener una Lettera 22, portátil, que todavía uso muy a menudo.

Termino en la computadora, que nos ofrece una tecnología ideal. Con un solo click accedo a una información muy grande entrando en Google, por ejemplo. Puedo acceder, incluso, a sinónimos y antónimos, en forma muy rápida, cuando antes teníamos que buscar las palabras por abecedario en libros especializados. Así que cuando llego a este último recurso, casi hubo ya una gran corrección. Pero este proceso vuelve al primero, al de PLANIFICACIÓN, porque surgen nuevas ideas, nuevos conceptos que antes no había tenido en cuenta, permitiéndome realizar una especie de RETROALIMENTACIÓN, que suele ser RECURSIVA. Es decir, un ir y venir de un proceso a otro.

Proceso de la escritura

Después de todos estos desarrollos, llegamos al final a la REVISIÓN y a la CORRECCIÓN: el trabajo que a veces resulta más duro. Le doy forma al texto y lo reformulo si es necesario. Y aquí podemos entrar de vuelta en ese proceso recursivo.

El desarrollo de la escritura, para mí, lleva un 10 % de imaginación y un 90 % de labor, de trabajo. Siempre comento la charla que mantuve una vez, hace tiempo, en la casa de una gran poeta marplatense, Mabel Gondín (integrante de la Saga de las Siete Escritoras), psicóloga ella, que nos permitió a los dos llegar a un análisis psicológico de la escritura y coincidimos en estos guarismos.

Dentro de este estamento de revisión, se examina el texto en forma minuciosa, tratando de encontrar los errores que pueden haberse cometido, de redacción, coherencia, ortografía, recursos verbales, los tiempos verbales, que son tan fáciles de confundir. 

Recordemos entonces:

PLANIFICACIÓN – ESTRUCTURA – OBJETIVOS – ELABORACIÓN – REVISIÓN CORRECCIÓN

Debemos aclarar que estos procesos NO OCURREN SÓLO DE MANERA LINEAL NI DE FORMA ORDENADA; son tan independientes como interrelacionados y pueden acontecer varios al mismo tiempo. Por ejemplo, la planificación puede acontecer antes que la búsqueda bibliográfica; la revisión puede efectuarse durante todo el proceso de planificación: a medida que traducimos, podemos generar y jerarquizar nuevas ideas.   

Cuando uno escribe, se conjugan varios elementos, cada uno de los cuales tiene ciertas características propias: los personajes, el ambiente, el tiempo, la atmósfera, la trama, la intensidad, la tensión y el tono.

Los personajes ya sabemos quiénes son. Hemos empezado a definirlos. En mi caso con respecto a este tema, aplico una técnica, que denominé el TEST PARA LA CREACIÓN DE PERSONAJES. Hay que visualizarse como protagonista de un reportaje: de un lado de una mesa se encuentra mi personaje, del otro lado me encuentro yo, el escritor/a. Él debe responder a las preguntas que le formulo como si tuviera vida propia: sus datos personales, relaciones, crecimiento, reflexiones, conducta, moral, cualidades, objetivos, etc.

Los personajes son los seres (personas, animales o cosas), reales o ficticios, que protagonizan o participan en los hechos que se relatan. No todos de una historia tienen la misma relevancia, dependerá del papel que desempeñen dentro de la trama, aunque todos ellos cumplen una función.

En la presentación de los personajes es importante que el lector o receptor se cree una imagen más o menos completa de ellos. Usaremos la descripción para tal fin, porque ella nos ayudará a concretar los rasgos físicos (prosopografía) y los de su personalidad (etopeya), que en suma darán lugar a la prosopopeya o retrato de los personajes.

¿Qué nos permite esto? Pues bien, cuando escribo una acción determinada, sé cómo va a actuar el personaje… porque lo conozco, porque sé cómo es, ¿se dan cuenta?

El ambiente incluye el lugar físico donde desarrollamos la acción; corresponde al escenario geográfico en el que se mueven los personajes. En mi novela, las acciones se encuentran en cuatro ciudades: Mar del Plata, Tandil, Alta Gracia (Córdoba) y CABA.  

El tiempo corresponde a la época en que ambientamos la historia y la duración del suceso narrado.

La atmósfera corresponde al mundo particular en que ocurren los hechos. Debemos traducir la sensación o el estado emocional que prevalece en la historia.  Irradiemos, por ejemplo, misterio, violencia, tranquilidad, angustia, etc. 

La trama es el conflicto que mueve la acción del relato. Da lugar a un hecho que provoca tensión dramática.  Generalmente, se caracteriza por la oposición de fuerzas. Debe existir un conflicto. La trama siempre nos debe llevar a un protagonista y su antagonista.

La intensidad corresponde al desarrollo de la idea principal mediante la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o fases de transición que la novela permite e incluso exige, pero que el cuento descarta. 

La tensión corresponde a la intensidad que ejercemos en la manera que acercamos al lector lentamente a lo contado. Así lo atrapamos, lo aislamos de cuanto lo rodea, para después, al dejarlo libre, volver a conectarlo con sus circunstancias de una forma nueva.

El tono corresponde a la actitud que tomamos ante lo que estamos presentando. Puede ser humorístico, alegre, irónico, sarcástico, etc. 

Y por supuesto, queda por último la pincelada del detalle, ese complemento especial que brindamos los escritores, con un propósito deliberado. 

Tengamos en cuenta que escribir nos permite abrir las alas de la imaginación y llevarnos lejos. Volamos por lugares y situaciones que jamás pensábamos encontrar. Expresamos inquietudes, deseos, aspiraciones, fantasías, obsesiones y hasta parte de nuestros recuerdos. La narrativa vocifera, revela, manifiesta, acusa, hace reír, pensar y recapacitar.

Encierra conmociones, sutilezas, ironía incluso y, por sobre todas las cosas, pasión.

Los que escribimos tenemos una peculiaridad, llevamos a los lectores a nuestro universo literario, los internamos en él. Me gusta pensar que somos creadores de mundos imaginarios, hacedores de cuentos, maceradores de palabras.

La caída del Ángel, tiene CARACTERÍSTICAS ESPECIALES. Son «detalles» propios de mi escritura.

Por ejemplo:

·   La Tapa, que es primordial en un libro, fue pensada para intrigar. La realicé con el programa CANVA. Unas alas blancas, asociadas a la pureza, sangrantes, cortadas, arrancadas; sobre un fondo de piedra, negro, como el averno, diría un viejo amigo. El título de la novela, en color rojo sangre, implica muchos detalles de lo que encontrará el lector al desarrollarse la trama. La palabra thriller fantástico en una tipografía diferente y otros detalles más que deberán descubrir.

·    Los diálogos están todos en cursiva. Es una manera de distinguirlos con facilidad. Son una parte esencial de cualquier narrativa. Revelan mucho sobre los personajes, sus relaciones y sus emociones. Escribir diálogos auténticos puede ser todo un desafío. Cada personaje debe tener una voz distintiva. Sus maneras de hablar deben reflejar sus personalidades, antecedentes e inclusive sus estados emocionales. Esto no solo hace que los diálogos sean más interesantes, sino que también ayuda al lector a identificar fácilmente quién está hablando. Y no nos olvidemos de que deben tener un propósito: avanzar la trama o desarrollar los personajes. Aquí debemos tener en cuenta el uso de la raya de diálogo, tan importante en su escritura.

·  Los párrafos están fusionados de tal manera, que no pierden unicidad. Su característica es esa: ser una unidad temática, tener coherencia, y presentar claridad comprensiva.

·    Existe un epígrafe al principio de los capítulos, de personalidades de la cultura, el arte, el deporte, que refleja el texto del capítulo. Esto es llamado en literatura intertextualidad, que es el vínculo que un texto establece con otro texto, pudiendo ser histórico o contemporáneo.

El germen del concepto, la idea de desarrollar esta relación, partió del filólogo y crítico literario ruso Mijail Bajtín [i], (1895-1975). Él concibe la novela, como armonías literales donde establece relaciones dialógicas esenciales con ideas ajenas.  La relación dialógica: es una figura retórica consistente en poner en forma de diálogo las ideas o sentimientos atribuidos a los personajes o en presentar a una persona en diálogo consigo misma. Pero fue Julia Kristeva [ii] (1941), filósofa, escritora de origen búlgaro, quien, a partir de las intuiciones bajtinianas sobre el dialogismo literario, acuñó en 1967 el término intertextualidad. Según Roland Barthes [iii], (1915-1980), filósofo, escritor, ensayista y semiólogo francés, es un «tejido de voces» que nacen a partir de la combinación de lo que se ha leído, visto o escuchado, y que a partir de una palabra, una frase u oración, de forma consciente o inconsciente remite a un texto o un discurso.

Si usamos nuestra propia escritura, hablamos de extratextualidad.

·   En la novela no hay palabras cortadas. Me costó hacerlo, a veces cambiando las frases cuando corregíamos las galeras, pero se logró. Un trabajo de larga data con mi editora. Fue un gusto personal.

·    Cada capítulo lleva una frase corta dentro del relato, en una tipografía mucho más grande, que justamente sirve como refuerzo del texto capitular. Esa frase encierra al capítulo todo.

·  Existen dos personajes centrales: Eduardo Bazán y Ariana Robles. Permiten intentar descifrar cuál es el sentido de su cercanía, el porqué de su encuentro, ¿fortuito, tal vez? Y aquí la trama se vuelve intrigante, porque dos historias, cada una de ellas cargada con las propias mochilas de sus experiencias de vida, se encuentran, marcadas tal vez por sus propias personalidades y sus improntas personales.

·  La novela toca un tema religioso moral muy controvertido, al cual le doy un tratamiento totalmente distinto al preconcebido.

·  En La caída del Ángel, al final de cada capítulo se transcribe un signo que se explicita en la anteúltima página.

·   Aparece una Nota de Autor al final, raro en una novela. Seguimos alterando los patrones. Rompemos con lo establecido. Si bien la novela tiene un final cerrado, esta nota abre una serie de interrogantes que el lector deberá dilucidar. Realizamos con Mariana, mi editora, un Book Trailer para su primera presentación.

Allí con la música de Carmina Burana, O Fortuna, de un poema goliardo del siglo XIII, es una cantata escénica de 1937, creada por Carl Orff. Es la presentación virtual del libro. Destaca la novela en sí.

Y aquí le voy a comentar una sinopsis de la novela, como para darles una somera idea de la misma: cuando el avezado periodista Eduardo Bazán decide escribir su primera novela, es abordado por un intrigante personaje, perteneciente a un grupo denominado “Imaginarios”. Comienza así una búsqueda con la intención de develar quiénes son y qué quieren. Independientemente de estas acciones, dos niños corren por una calle donde el silencio se ha enseñoreado de todo. Y es allí donde nuestro antihéroe se ve envuelto en una vorágine de aventuras. Va conociendo a los integrantes de la organización, descubre a Ariana Robles su contacto. Intentan matarlo, responde con furia y con decisión. Nunca antes había llegado a tal encrucijada. ¡Debe matar para sobrevivir! Su profunda vocación de escritor lo lleva a narrar estos sucesos. Comienza su novela y en el primer párrafo establece una relación con la acción de los niños. Una poderosa organización trata de eliminar a todos los integrantes de Imaginarios. Sólo Bazán puede entender el porqué. La eterna lucha entre el bien y el mal está presente en la obra. Dos historias paralelas (pueden ser tres) en mundos contrapuestos, que se unen en un “ahora”, sorprendente. Un periodista de vieja data, junto a varios personajes inolvidables, dan vida a… La caída del Ángel.  

 En las devoluciones que he tenido de los lectores, me he dado cuenta que cada uno de ellos le dio una interpretación distinta, de acuerdo a sus vivencias personales. Y en esto vemos lo que comentábamos con Bertha cuando hablábamos del emisor y receptor y cómo este último puede llegar a convertirse en el que finaliza la obra. Creo que cada lector se transforma en ese “lector cómplice” del que hablaba Cortázar. Crea su propio universo, y cada lectura su nueva determinación, por eso un solo relato puede convertirse en infinitos relatos… Son los lectores los que toman esa decisión. Desarrollan la acción, se hacen partícipes necesarios de la narración, cómplices de la misma, la renuevan, la transforman con su interpretación. El poder del lector construye y reconstruye esa ficción; así el texto vuelve a nacer, se reaviva en ese inmenso océano de las interpretaciones. Y creo que eso es lo más hermoso de la escritura, porque, sinceramente, cuando cerramos un libro, jamás somos los mismos. 

Finitudes

Los personajes no deben cambiar abruptamente para llegar al final.

El final es el último ladrillo de la pared.

La 1ra. Persona es una voz narrativa potente.

Escribir una novela es abrir un universo.

La escritura no es un oficio del que se pueda salir ileso.

Escribir es buscar la singularidad propia.

Me gusta creer que somos: creadores de mundos imaginarios, hacedores de cuentos, maceradores de palabras.

La magia de la escritura es abrir la puerta a un mundo impensado, que tal vez nos haga sentir mejor y tal vez, ser mejores.

Creo en lo más profundo de mí mismo que la escritura es libertad.

Una vez una escritora amiga me llamó Maestro Pirque. Le pregunté por qué. Y me contestó: Porque cada escritor es un cultor maestro que nos enseña cada día, y nos lleva a su mundo interior, descubriendo lo multifacético de su alma.

Creo que esto cabe para ustedes, para mí, para todos aquellos que escribimos.

Y hablando de escritura, quiero dejarles una cita de un poeta, amigo, también marplatense de muchos años, Rafael Felipe Oteriño, Presidente de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española.

No somos escritores porque escribimos, sino que escribimos porque somos escritores.   

 



[i]     Mijaíl Mijáilovich Bajtín (1895 – 1975) fue un crítico literario, teórico y filósofo del lenguaje de la Unión Soviética.

[ii]    Julia Kristeva (1941) fue una filósofa, teórica de la literatura y el feminismo, psicoanalista y escritora francesa de origen búlgaro

[iii]   Roland Barthes (1915-1980) fue un filósofo, escritor, ensayista y semiólogo francés.

 

 

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